Retazos de un sueño olvidado (Parte III)
Una hoja rozó mi mano. Acababa de caer del árbol, acababa de morir. Acababa de desprenderse de lo que la unía a la vida. De aquello que la alimentaba, que la había hecho nacer, crecer y, al final, morir. Era el árbol su sustento, su savia, su energía. Esa hoja me recordó mi unión con él. ¿Era él quien me daba esa savia, ese sustento, esa vida que me hacía avanzar cada día y que, al final, me acompañaría a mi muerte? ¿Era esa conexión la que alimentaba mi respiración, mis latidos y mis pasos? ¿Eran esos pensamientos que, cual líquido de tronco a hoja, pasaban de mi mente a mis manos y se dejaban escribir?
