Vive. Siente. Aprende

El muro de cristal

Todos tenemos un muro. Un muro que separa nuestro yo del resto.

Todos tenemos un muro. Un muro que nos protege del odio, del miedo, del desamor o de la violencia.

Todos tenemos un muro. Pero no es el mismos muro para todos.

Hay muros gruesos y fuertes, indestructibles como el acero templado que se erige robusto. Han sido capaces de crearlo las personas que se sienten seguras y queridas aunque pueden llegar a ser oscuros y solitarios.

Hay muros que son débiles y están hechos de humo o sombra. Personas que han perdido la confianza en sí mismas y el muro que las protegía. Personas que no saben encontrar el amor a ellos mismos y que pueden ser heridos o dañados por todo su alrededor y aún más por ellos mismos ya que son sus mayores enemigos.

Hay muros falsos, que parecen gruesos y son muy finos en realidad. Son aquellos que pertenecen a gente que muestra una cara y una personalidad hacia fuera pero en su intimidad tiemblan como una hoja ante el viento. O quizá que están ciegos ante su propia realidad porque temen decepcionarse a sí mismos.

Hay muros de cristal, que reflejan la luz y parecen destellar pero son frágiles en su interior. Estos son, quizá, los más difíciles de ver. Personas que brillan y con su reflejo hacen brillar a otras. Personas en las que la gente se apoya porque dan seguridad. A la vez, son personas que caminan en un filo peligroso. Porque el cristal, aunque brille, es en realidad frágil y un mínimo golpe, con el ángulo adecuado, lo destruye.

Estos muros son cambiantes y evolucionan con nosotros mismos.

Estos muros no son indestructibles y la vida los pone a prueba a cada paso.

Estos muros pueden tener puertas por donde permitimos asomarse a otros o pueden ser completamente cerrados creando aislamiento positivo o negativo en la persona que consciente o inconscientemente los ha clausurado.

Estos muros nos definen y conforman.

Estos muros nos ayudan o nos destruyen.

Raquel Bernardos Rodríguez nació en Madrid y allí realizó sus estudios de Ingeniería Industrial rama Mecánica y del grado de Historia especializándose en Edad Media y Moderna. Desde pequeña, siempre ha sido una gran admiradora de Leonardo Da Vinci por su capacidad de abarcar y profundizar en tantos campos distintos sin desfallecer. Ha trabajado durante más de 15 años en el sector industrial llevando proyectos y equipos alrededor de todo el mundo lo que la ha permitido descubrir lugares increíbles en todos los continentes. Su pasión por aprender y por disfrutar la vida la llevaron a escribir este libro donde intenta mostrar al Da Vinci más humano a través de sus consejos y frases. Es madre de dos hijos a los que intenta inculcar que “el aprendizaje es lo único a lo que la mente nunca agota, nunca teme y de lo que nunca se arrepiente”.

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